Por suerte Petit no tiene que viajar mucho en coche, pero si lo hacemos suelen ser trayectos largos y conmigo de compañera de asiento.
De bebés lo normal es que se duerman con el movimiento (y ruido) y podamos más o menos avanzar ente toma y toma. A un bebé de pecho que no quiere biberón, cuando llora en el coche no hay más remedio que parar, porque una de las causas probables será justamente que tenga hambre. Si es de biberón, desconozco si igualmente habría que parar...
¿Qué pasaba cuando éramos pequeños? Pues que como no había ni sillita de coche ni casi cinturón, ibas en los brazos de tu madre o hermanos y seguramente no había llanto que valiera.
Pero conforme van creciendo, lo de dormirse pronto no pasa y hay que entretenerles para que aguanten sentados sin moverse un tirón largo.
Ya de más mayor la cosa cambia porque con el habla tienes mil juegos de coche a tu disposición, o simplemente poder aprovechar para conversar. Entiendo que cuando empiezan a hablar entrarán en juego (valga la redundancia) canciones, adivinanzas, cuentos, un cuaderno para dibujar, etc...
Este post va dedicado en especial a un bebé mayor, pongamos a partir de los 15 meses, que interactúa, pero que aún no habla con total fluidez y tiene que ir en la sillita del coche no lo tiene tan fácil para hacer un trayecto en coche...
Si el trayecto es corto, podemos medio aguantar que empiece a llorar (tomando como base que el hambre no debería ser uno de los factores del lloro), pero si el viaje va a ser largo, hay que ir preparados.
Gracias a que las sillas a contramarcha son las más seguras y cada vez llegan a más altura del niño, te permiten interactúar más fácilmente con él, así que un motivo más para llevarlos siempre a contra marcha es el poder jugar, ayudarles a entretenerse, incluso poder darles algo de picoteo y vigilarles sin problemas.